Desde el momento en que la adquisición del edificio del antiguo "Círculo Mallorquín" fue planteada de una manera global, la mayor parte del patrimonio mobiliario que pertenecía al mismo quedó salvaguardado, al menos en cuanto a la dispersión.

El origen de la colección, al margen de las recientes adquisiciones llevadas a cabo en los últimos años por la institución parlamentaria, se remonta a finales del siglo pasado y, en concreto, al año 1897, cuando surgió el afán del "Círculo" por decorar sus altas estancias.

En una referencia al patrimonio hoy integrado en el del Parlament, y en el que procede del "Círculo Mallorquín", nos referimos brevemente a la secuencia que aparece como definitoria, que tuvo lugar en las primeras décadas del siglo XX. Ricardo Anckermann, Joan Bauzá, Francesc Rosselló, Antoni Ribas Oliver y Llorenç Cerdá inauguraron la colección.

Los lienzos de Joan Bauzá y de Ricardo Anckermann, que concurrieron en la modalidad de la pintura de la historia, se encuentran en la sala actualmente denominada "dels passos perduts", y se titulan, respectivamente, "La entrada de Carlos V en Palma" y "La entrega de la Zuda al rey Jaime I".

Los autores que hasta ahora hemos mencionado pertenecían a diversas generaciones, que fueron básicamente dos. Por una parte se encontraban Anckermann (1842-1907), Bauzá (1844-1915) y Ribas Oliver (1845-1911), exponentes de la vieja generación, de aquella que había desarrollado su labor a partir de la década de los años sesenta, época en la que nace la generación de Cerdá (1862-1955) y Francesc Rosselló (1863-1933), y seguidores de los viejos modos y viejas tradiciones. La serie de lienzos de todos estos artistas que posee el Parlament, además de los mencionados, ilustran la fidelidad en la concepción de pautas ochocentistas. En esta línea, es significativa la relativa modernidad del paisaje de Ribas Oliver, situado en el vestíbulo, libre de las sujeciones que la "Pastoral" tenía que cumplir.

Por otra parte, el ?Círculo Mallorquín" recurrió en diversas ocasiones a dichos autores, así como a otros de la misma órbita estética, a pesar de su mayor juventud, como es el caso de Joan Pizá (1877-1962), de formación, pensamiento y ejecución académica.

En este contexto de tradicionalismo, una parte del fondo pictórico destaca por su adscripción a corrientes renovadoras de principios del siglo XX, que desencadenaron a la larga el enfrentamiento entre los viejos modelos y el nuevo, progresivamente exaltado, tal como refleja la crítica coetánea. La culminación la constituye la obra, de muy reducidas dimensiones, de Degouve de Nuncques, pintor belga residente en la isla entre 1899 y 1902.

Las exposiciones de Pedro Caffaro de 1903 y 1917, y la de Brousotto de 1918, por mencionar únicamente una parte de aquellas que se concretan en la cesión de obra, muestran a diferentes niveles la sucesiva domesticación a la que son sometidos los temas, centrados en el paisaje y las formas expresivas del lenguaje artístico de inicios del siglo XIX. Cerrarán esta referencia los cuatro lienzos sobre las estaciones del catalán Aurelio Tolosa, fallecido en 1938 y discípulo de Modest Urgell, cultivador del paisaje y de la pintura de flores. Junto a él no faltan los retratos, en general copia de los encargados por el Ayuntamiento de Palma para su Galería de Hijos Ilustres, de las figuras intelectuales vinculadas de alguna manera al "Círculo", como el retrato pintado por Antoni Fuster de Josep Maria Quadrado que, junto a otros, contribuyó a la vida intelectual del "Círculo" y a la formación de, entre otras cosas, una excelente Biblioteca.